NOS VEMOS CUANDO NOS VOLVAMOS A VER

Soy fan de las coincidencias, y también de las incidencias con descendencias. Carlos es resultado de ello. Que sea colombiano como yo, ya podría ser una coincidencia. Que haya venido con un sueño, y lo haya cumplido podría ser una incidencia, y que ahora quiera regresar a Colombia para compartir los últimos años con su madre, podría ser una descendencia. Conserje, celador, vigilante, o en su (feo) defecto “guachiman”, (para quienes no pueden o no quieren pronunciar bien watchman)… Ese personaje es nada más y nada menos, quien trabaja cuidándonos para que no nos pase nada. Ese personaje es Carlos Alberto Rios, el señor que cuida el edificio en el que ahora vivo en Madrid.

La primera vez que lo vi nos saludamos de beso, como si nos conociéramos de antes, de ese lugar que nos trajo a éste otro. “Que hubo pues paisana”, fueron sus primeras palabras, acompañadas de un “Se nota que usted no es como los demás colombianos, que cuando vienen a España se creen más que los demás”. Con eso me bastó para dedicarle éste post. Y claro! Por la sonrisa con la que me recibió, esa misma (gran) herramienta de trabajo que usa con todo el que entra y sale del edificio.

CARLOS RIOS

Carlos, con la sonrisa que me recibió

Hace 13 años la ambición lo trajo a España. Ese país que ahora lo quiere regresar a su tierra a cumplir los sueños que ha venido construyendo desde lejos. Así es, esa misma valentía que en el año 2.000 lo llevó a salir de Colombia “Buscando una mejor vida”, aunque no la estuviera necesitando. En ese entonces trabajaba en una clínica en el área de mantenimiento. Pero a pesar de ello, atravesó fronteras vía Bolivia, pasando por Brasil, y hasta Italia, para finalmente aterrizar en Madrid.

Y aunque sus primeros años españoles fueron como el dice: “Dorados”, sin sentir la crisis de ahora, trabajando en un restaurante colombiano como camarero, logrando ahorrar para comprar dos apartamentos en Pereira, su ciudad de origen, dice que se arrepiente de haber venido, y haber perdido tanto tiempo sin estar al lado de su familia.

Hacia el 2008 se trajo a su hijo de 24 años, con quien vive, y con quien (a pesar de haber perdido tanto tiempo juntos), le gustaría enseñarle como salir solo adelante, siendo independiente, y valorando la familia de lejos. Esa misma que hoy Carlos extraña tanto y que se convirtió en la motivación para volver en su próximo viaje a Colombia…un viaje sin regreso, para quedarse ésta vez del todo. “Si Dios quiere, de este año no pasa. Quiero llegar y montar un negocito y compartir con mis padres”, me cuenta mientras mis vecinos españoles del edificio que cuida los fines de semana, lo saludan con cariño y se ríen de sus chistes. Y hasta alguno mirándome fijamente le pregunta por mi: “Es su hija?”…, definitivamente lo colombiano se percibe. Y no, somos hijos de un país que nos une.

En su conversación me recuerda a esa misma que tan bien la describe Gabriel García Marquez, en el  “Olor de la guayaba”, quien nos invita con sus palabras a volver a lo nuestro, a la calidez y el color del Caribe. “A el universo mítico de sus pobladores… la extraña mentalidad de sus extraños prohombres”.

Ya lo saben, me contagian las sonrisas, y Carlos no es la excepción a mi debilidad. Por eso cuando le pregunté si era feliz, me imaginé que me diría que SI. Pero no. “Muestro felicidad, pero no soy feliz”, me dice este paisano luchador y humilde de corazón. “Así tenga mucho dinero o no tenga nada, seré siempre el mismo”, afirma, luego de contarme que ahora la crisis le ha afectado tanto, que solo sobrevive con la mitad de lo que ganaba hace unos años, con su único trabajo que tiene los fines de semana.

Mi querido Carlos, vaya “berraquera (colombiana) o cojones (españoles)”  tienes. Eres un valiente, y un guerrero sin su ejercito. Y si, tú mismo lo dices, “La soledad es muy dura”, y eres consciente que España te hará falta. Compartimos esa misma sensación de caminar a cualquier hora por Madrid, y sentirnos libres, sin miedo a que nos pase algo malo. Pero, como tú (también) muy bien lo dices: “Lo nuestro es lo nuestro”.

…Porque en este camino que escogiste

no hay espacio para los arrepentimientos.

Porque nunca es tarde para cambiar de destino

y volver al punto de partida para ser felices porque si…

¿JUGAMOS AL PAPÁ Y A LA MAMÁ?

Cuando era pequeña jugaba al papá y a la mamá, y sin necesidad de darme besos ni de tener hijos, vivía en mi juego un amor para toda la vida…hasta que con mis amiguitos lo cambiábamos en segundos por las escondidas, así, sin necesidad de separarnos, ni divorciarnos. Con los años me empecé a dar cuenta que ser papá y mamá no es un juego. Y mucho menos, cuando llevas casi 30 años despertando al lado de la persona que… ¿amas?


Hoy mis padres (esos mismos que amo con locura), cumplen 37 años de despertar juntos. 37 años!! esos mismos en los que lo único que han aprendido es a amarse. Siempre con mi hermano les preguntamos ¿Porqué se casaron tan jóvenes?, hoy en día eso NO pasa, y mucho menos se “aguanta” 37 años y hasta más! La respuesta de mis padres es sencilla: “Nos casamos porque así lo queríamos…”

Los Sres. Moreno Castañeda

Han pasado 13.505 días y noches luego de declararse un SI para toda la vida, y estar juntos hasta que “literalmente” la muerte los separe, siguen despertando cada mañana juntos. Días en los que los he visto hacer lo que quisieron desde 1977: AMARSE.


Hace 12 años, tuvimos la oportunidad con mi hermano de ser sus padrinos, y testigos de su renovación de votos de amor. La clave: aprenderse a amarse tal y como eres día a día.
Los admiro, y a la vez los envidio con cariño, por que siendo realista si me casara hoy mismo con alguien a quien quiera aprender a amar, a los 66 años estaríamos celebrando como lo hacen hoy mis padres, pero tal vez no con la misma energía, ni tampoco con dos hijos tan jóvenes que hayan sido testigos de su historia…Amanecerá y veremos!

 

Halloween 2013

Hace unos años no creía en el amor para toda la vida, y más aun cuando llevo una separación a espaldas, en donde hoy en día mi ex pareja se ha convertido en mi gran amigo (post que tengo pendiente próximamente, para decirles que “si se puede” ser amigo de tu ex). Pero ahora, soy una convencida en que tengo la misma suerte de conocer a alguien que se arriesgue a aprender a amarme y a aceptarme TAL Y COMO SOY YO. Ver a mis padres decirse te amo, me hace creer que el juego del papá y la mamá puede ser para toda la vida.


Este año no estoy con ellos, para celebrar un año más de amor, y darles las gracias por haber construido este hogar con valores que me han permitido creer en lo imposible. Hoy estoy lejos, y mi único regalo es este post, escrito desde ese orgullo (bueno) por ser hija de una pareja que aun cree en el amor eterno.

 

…Porque nos cuesta aceptar que somos capaces de aprender a amar cuando estamos preparados, porque SI existen amores por siempre para ser felices porque si…

 

ANA…NANITA…NANA

Desde que arranqué esta locura de blog, siempre la tuve en mi mente. Quería dedicarle un espacio como éste para compartir su historia, sus años, su ternura y su sonrisa en sus 84 años de vida. Quería encontrar el momento preciso para hablar de ella, de su amor sin condición y de su corazón sin memoria. Hoy llegó el día de regalarle un post a quien está viviendo el instante como si fuera su única  realidad. A quien el pasado y el futuro la olvidaron, pero a quien el presente le regala instantes de felicidad. Hoy les presento a mi abuela paterna: Ana, o “Doña Anita” para quienes la queremos aun más.

61 años de matrimonio con Emigdio, su esposo, el único amor de su vida. Se casa después de que mi abuelo le hubiera pedido la mano a su suegro, y haberle dedicado una de sus tantas serenatas: “Unamos los Corazones”, esa misma que aún ella recuerda y canta con amor. 14 hijos, 11 vivos, 2 fuera de Colombia, 30 nietos, y 6 bisnietos, son quienes hacemos parte de lo que Anita construyó en un hogar humilde donde nunca faltó mamá.

El pasado 15 de enero de 2009, su gran y único amor se va de su lado por siempre, y desde entonces Ana Joaquina De Moreno no es la misma. Sus dolores aumentaron, y su enfermedad empezó a aparecer sin avisar. Hace casi 4 años llegó a su vida el Alzheimer, haciéndole perder la memoria de lo que vive ahora, pero recordándole todo lo que vivió hace tantos años.

En la novena de aguinaldos en su residencia

Hace menos de dos meses su nuevo hogar es una residencia de abuelitos en Bogotá, que así como ella, fueron diagnosticados de Alzheimer. 14 vidas con muchas historias por contar, 14 recuerdos que una vez se conocen se hacen difíciles de olvidar. Cada vez que tengo la oportunidad de visitar a mi abuelita (trato de ir una vez a la semana), salgo recargada de amor y ternura, pero sobretodo, de ese esfuerzo diario de ellos, de seguir luchando por vivir. Sonriendo sin saber por qué lo hacen, dando abrazos a quien no conocen, contando historias pasadas como si fuera ayer, sin pensar en que pasará mañana. Sólo les importa vivir el día dando amor a quienes no conocen…ni reconocen, como a sus propios hijos.. como a mi propio padre.

Siempre que voy me pregunta quién soy yo, le pido que me haga trenzas como se las hacía cuando era jovén, y con ternura me acaricia el pelo y me dice que recuerda cuando ella lo tenía asi de largo… Nunca me despido de ella, siempre le digo que voy a comprarle un cono de chocolate (que le encanta), y vuelvo a la siguiente semana, a recibir ese beso que le pido, y de nuevo, sin saber quien soy me lo da con amor.

…Porque teniendo memoria nos amargamos recordando el pasado…, 

porque sólo necesitamos éste presente sin memoria para ser

felices porque si…