CUANDO QUIERO LLORAR, NO LLORO

Hoy mi inspiración la encontré donde menos me imaginé. Hace 8 años soy profesora y podría escribir un libro con cada una de las historias de mis estudiantes (prometo compartirles muchas en este blog). Pero esta vez sentí esa magia diferente de una persona que estuvo conmigo aprendiendo emprendimiento durante un semestre, y solo hasta hoy me di cuenta a través de su proyecto final que la vida es un cultivo, como su misma idea de negocio lo dice.

Siempre les digo a mis estudiantes que para emprender necesitan pensar en dos cosas: Para qué eres bueno y qué te hace feliz? Muchos les cuesta encontrar la respuesta. (a mi me llevó 10 años). Otros, como Carlos les fue más fácil. Su cara refleja ese trabajo en el campo que lo acompaña desde hace 36 años en Chia, donde nació. No se imagina una vida sin la naturaleza, y no entiende cómo en las películas del futuro solo ve edificios y no hay plantas.

Carlos Nivia, con las semillas de su emprendimiento

Carlos Nivia, con las semillas de su emprendimiento

Y es que para este celador, padre de 3 hijos, el haber prestado su servicio militar en el Amazonas fue el mejor regalo que pudo tener. Dice que desde ahí su vida cambió. “Como dice la canción de Nino Bravo: Cuando Dios hizo el edén, pensó en América”, me contaba mientras yo veía sus cultivos de tomate, cebolla, espinaca y lechuga que me presentaba en su proyecto “Cultivos de Vida”.

Lo sentí feliz contándome su idea de negocio. Le creí, y me contagió de su calma, y sus ganas de salir adelante con sus cultivos de frutas y verduras, y convertirse en un empresario ofreciendo huertas caseras en “edificios de ladrillo” (esos mismos que ve en las películas del futuro). “Le puse ese nombre a mi negocio, porque quiero buscar un futuro lleno de vida”. 

Cuanta razón tienes Carlos, somos como tus semillas. Algunos metidos en botellas de Coca-Cola, negándonos a recibir agua, ni aire para seguir viviendo. Otras crecen más rápido, otras deciden quedarse en el camino. Y sin embargo, ahí vamos, cultivando tristezas y dolor, en vez de alegría y felicidad. Que fácil lo tenemos y que difícil lo vemos.

Cuando le dije que su nota final se vería reflejada en un articulo en mi blog, y lo abracé dándole las gracias por permitirme compartir su vida con los demás. Me dijo: “Lloro de alegría desde el corazón, porque no me salen lagrimas”. Hace 16 años tuvo un accidente de transito, en donde perdió la fosa lagrimal que no le permite llorar.

…Porque teniendo lagrimas lloramos,

y teniendo semillas para cultivar nuestra propia vida

nos negamos a ser Felices Porque SÍ…

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